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(Elaborado por la Psic. Claudia González Mtz.,
Directora de la Clínica Karuna para el tratamiento de los Trastornos
Alimentarios)
Los trastornos de la alimentación son problemáticas psicológicas
y emocionales sumamente complejas que parecen haber aparecido como una creciente
epidemia desde hace una o dos décadas; sin embargo, existen datos
de algunos casos documentados desde la edad media, aunque probablemente la
época en la que vivimos, de unos cuantos años a la fecha, sea
la etapa de mayor proliferación de los mismos.
La explicación de este fenómeno queda sujeta a un sinnúmero
de factores de tipo socio-cultural, familiar, individual en cuanto a características
de personalidad y posiblemente hereditario en algunos casos, aún cuando
resulta sumamente difícil determinar en qué medida cada uno
de estos aspectos pudiera contribuir en el desarrollo de estos trastornos
en cada persona. Lo que sí sabemos con mayor certeza en este momento,
es que no podemos hablar con exactitud de factores causantes de estos trastornos,
sino de factores que contribuyen e interactúan de manera compleja
y particular para cada caso en su génesis.
De esta forma, podemos delimitar en la actualidad tres tipos principales
de trastornos: la anorexia nervosa (tipo restrictivo y tipo voraz/purga),
la bulimia nervosa (tipo purgante y no purgante) y el trastorno por alimentación
compulsiva, comúnmente conocido como "comedores compulsivos".
La clasificación de estos trastornos, ha adquirido mayor sofisticación
de unos 10 años a la fecha, de tal forma que ahora se conocen dos
tipos de anorexia nervosa: una en la cual las personas restringen de manera
cada vez más exagerada sus alimentos y con frecuencia recurren a la
realización de ejercicio excesivo y compulsivo para contribuir a su
meta de bajar cada vez más de peso (anorexia restrictiva); y otra
en la cual las personas llegan a tener algunos momentos de pérdida
de control y de alimentación exagerada o compulsiva, durante los cuales
recurren a vomitar o utilizar substancias como laxantes y diuréticos
para ayudarse a resarcir el daño y compensar aquello que hayan ingerido
de manera no deseada y muy temida (anorexia de tipo voraz/purga).
En ambos casos, las personas manifiestan típicamente una pérdida
de peso excesiva (por debajo del 15% esperado como peso normal de acuerdo
a su edad y estatura), generalmente presentan una interrupción de
sus ciclos menstruales como resultado de tener un índice de grasa
corporal tan bajo que les impide producir suficientes hormonas para que el
funcionamiento corporal se dé de forma normal y experimentan un gran
temor ante la idea de subir de peso. No obstante, también se observa
que algunas personas, también con anorexia, pueden no presentar del
todo algunas de estas manifestaciones; es decir, en algunos casos, las personas
no llegan a presentar ausencia de menstruación, debido a que sus cuerpos
han encontrado la forma de adaptarse incluso al desbalance que presentan,;
y en otros, como resultado de los mecanismos de defensa que sus cuerpos han
desarrollado, incluso empiezan a subir de peso, hasta llegar a presentar
cierto sobrepeso, a pesar de que su ingesta de alimentos sea muy baja, pues
es una manera como el cuerpo se las ingenia para subsistir, asimilando en
forma atípica la poca comida que tiene al alcance.En el caso de la
bulimia, también se han delimitado a la fecha dos tipos o manifestaciones
de la misma: la bulimia tipo purgante que se caracteriza por periodos regulares
de ingestión voraz de alimentos, seguidos por la actuación
de conductas compensatorias tales como autoinducción del vómito
y utilización excesiva de laxantes, diuréticos, medicamentos
para controlar o disminuir el hambre, y enemas, principalmente; y la bulimia
de tipo no-purgante, caracterizada por periodos regulares de ingestión
voraz de comida, que generalmente son compensados mediante ayunos y/o ejercicio
compulsivo, predominantemente.
En este artículo nos abocaremos a hablar de estos trastornos, no tanto
por el hecho de que el trastorno por alimentación compulsiva sea menos
importante, sino por el hecho de que la anorexia y la bulimia son trastornos
mortales que ponen en peligro de manera rápida e importante la vida
de las personas.
Desafortunadamente, muchas personas se autojustifican y no buscan ayuda por
el hecho de pensar que sus conductas alimentarias no resultan tan caóticas
o "graves" como las de aquellas personas que sí cumplen
con todos los criterios de la anorexia o la bulimia. Sin embargo, un número
muy elevado de personas que presentan patrones alimentarios de tipo anoréctico
o bulímico, se encuentran en un gran riesgo de terminar desarrollando
el cuadro completo de alguno de estos mortales trastornos.
De la misma forma, es posible observar que de manera sumamente común,
las jóvenes pre-adolescentes, adolescentes e inclusive en etapa de
adultez temprana en estos tiempos, presentan toda una gama de manifestaciones
y conductas alimentarias que pueden ser consideradas "anormales"
o sumamente inadecuadas, tales como la continua preocupación por realizar
dietas de todo tipo y de utilizar toda una serie de productos que generalmente
resultan peligrosos, con el fin de bajar de peso, por el hecho de encontrarse
insatisfechas con su peso corporal y complexión física y/o
de comenzar a canalizar a través del peso y la comida toda una serie
de conflictos o insatisfacciones de índole psicológica y emocional.
Con frecuencia es posible escuchar a las jóvenes decir que no consideran
tener problemas significativos con su alimentación por el hecho de
observar las mismas conductas entre sus amistades y las gentes que las rodean.
Este viene a ser uno de los elementos de mayor riesgo, ya que con creciente
frecuencia, las personas viven como lo "normal" o lo "habitual"
a nivel social, conductas y actitudes hacia la alimentación que resultan
francamente aberrantes e inapropiadas, pero que son percibidas o interpretadas
como adecuadas, correctas y "normalmente" presentadas por otras
personas a nivel social. Este elemento de distorsión y/o de negación
pone día a día a las personas en riesgo de terminar atrapadas
en estos trastornos tan adictivos y tan difíciles de superar sin siquiera
poder detectar la manera como se van enredando en ellos. Dado que lo común
es observar que las personas se encuentran involucradas en la realización
de dietas, recibiendo constantes muestras de admiración a nivel social
si logran bajar de peso, para aquellas personas que carecen de una adecuada
autoestima o de habilidades de enfrentamiento para diversas problemáticas
de la vida cotidiana, resulta sumamente fácil canalizar sus inseguridades
y frustraciones a través de la realización de algo que con
certeza les reportará percibirse como admiradas, queridas o aceptadas
por los demás. A esto se añade el hecho de que, generalmente
las personas estamos sujetas, dentro de la sociedad actual, a un bombardeo
excesivo de ideas sobre nutrición de índole tan variada y muchas
veces tan contradictoria como resultado de los múltiples métodos
y sistemas de dietas, que frecuentemente no contamos con información
clara y veraz sobre la alimentación. Esto contribuye a que, sin saberlo,
un gran número de chicos y chicas en edades adolescentes e inclusive
adultas, se involucren en la realización de dietas que los ponen en
peligro de alterar su funcionamiento a nivel biológico de tal forma,
que comienzan a experimentar toda una serie de manifestaciones que se traducen
en: alimentarse compulsivamente después de días o semanas de
dieta, para terminar autodevaluándose por creer que no tienen la suficiente
"fuerza de voluntad" para llevar a cabo una dieta o para poder
controlar su forma de comer, a plantearse cada vez metas más rígidas
y aberrantes de alimentación que nuevamente les generan desbalances
biológicos importantes, a terminar adoptando conductas compensatorias
como la autoinducción del vómito o abuso de substancias con
el fin de retomar algún tipo de control en su alimentación
y llegar a su meta de bajar de peso, o a seguir depositando falsamente su
sentido de seguridad, autoestima, autocontrol y valía personal en
el hecho de poder controlar su peso a costa de lo que sea, entre muchas otras.
Con mucha frecuencia es posible escuchar, por parte de las personas que ya
han desarrollado formalmente los trastornos de los que hablamos, que “nunca
pensaron que perderían el control”, que “no se dieron
cuenta en qué momento dieron el salto hacia el trastorno”, que
“en menos de un abrir y cerrar de ojos ya se encontraban atrapadas”
y que por más intentos que han hecho por retomar mayor "normalidad"
en su alimentación no lo han conseguido. Es por esto que resulta sumamente
importante estar conscientes de que cualquier persona puede ponerse en riesgo
de desarrollar estas problemáticas tan difíciles de superar,
que muchos de los hábitos que los jóvenes desarrollan desde
etapas tempranas pueden estar fungiendo como los antecedentes de un trastorno
grave, que una vez desarrollando el trastorno resulta muy complejo salir
de él y que por esta razón, es preferible guardar una postura
talvez excesivamente cautelosa cuando una persona comienza a percatarse de
estar presentando algún tipo de problema con su peso o alimentación,
por leve o inofensivo que parezca.

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(Elaborado por:Psic.Claudia González Martínez)
Las razones por las cuales una persona desarrolla un Trastorno alimentario
como la Anorexia y la Bulimia son muy variadas y también complejas.
En la mayor parte de los casos se considera que tiene que ver con elementos
de personalidad, experiencias de vida, déficit de habilidades para
el manejo de emociones, elementos de presión sociocultural, factores
de disfuncionalidad o tensión familiar, desbalances bioquímicos
a nivel cerebral o la presencia de trastornos afectivos (ansiedad o depresión
a nivel biológico), tendencias geneéticas o heredofamiliares
en cuanto a otro tipo de padecimientos fisiológicos (hipoglicemia,
diabetes, entre otras), etc…
No todas las personas presentan elementos significativos en todas las áreas
o aspectos anteriormente mencionados, esto depende de la situación
individual de cada quien. Sin embargo, en muchas ocasiones, los elementos
que pudieron haberse juntado para dar como resultado el que una persona haya
estado en una posición vulnerable para desarrollar el trastorno, no
necesariamente explican la fuerza que cobra la problemática, ni la
dificultad para salir de ella. La perpetuación del trastorno ya no
depende de factores externos o de las circunstancias o presiones de la vida,
sino de factores internos. Cada uno de los trastornos cobra una fuerza independiente,
y se acentúa y perpetúa por factores diferentes, a los predisponentes
originales.
Estos factores diferentes que sostienen e incrementan la problemática
generalmente son el resultado de una compleja interacción entre desbalances
biológicos/fisiológicos (nutricionlaes, metabólicos
y bioquímicos a nivel cerebral), emocionales, psicológicos
y cognitivos ( a nivel de pensamiento) y conductuales (los comportamientos
que se van adoptando con el fin de controlar el problema).
Lo que comienza a suceder en una persona que manipula su ingestión
de alimentos, ya sea porque se encuentra siguiendo una dieta estricta o porque
espontáneamente elige privarse de cierto grupo o tipos de alimentos
es que se autogenera, sin saberlo, desbalances biológicos muy intensos
y complejos.
Estos desbalances generalmente tienen que ver con privar a su organismo,
provocar un efecto de restricción, provocar que la señal de
hambre que se registra en el cerebro se intensifique, que se disparen una
serie de mecanismos de alarma a nivel biológico que provocan un descenso
en la capacidad del organismo para metabolizar correctamente los alimentos
y utilizar eficientemente las calorías, con una creciente sensación
de hambre que llega a cobrar intensidades que son muy difíciles de
controlar porque no dependen de la voluntad de la persona, sino de la manera
como el cuerpo a nivel fisiológico va a tratar de defenderse y ajustarse
a lo que le pasa. Aún las gentes que se mantienen en una dinámica
predominantemente anoréctica experimentan pérdidas de control
y episodios de voracidad.
Apartir de que comienzan a gestarse estos desbalances, lo que la persona
experimenta es una gran vulnerabilidad y temor a perder el control, así
como muchas veces, francas compulsiones al comer. Desafortunadamente,
esto no es interpretado por las personas como producto de los mecanismos
biológicos de defensa, ni como rebotes o producto de los desbalances
fisiológicos, sino como una falta de fuerza de voluntad, como debilidad
o falta de carácter o disciplina, y como fallas en su personalidad
y su capacidad para controlar impulsos. Finalmente, esto se vive
como una pérdida de valor personal y de “autoestima”
Todo esto genera un cúmulo de pensamientos que comienzan a llenar
la experiencia mental y psicológica de una persona, lo cual a la vez
explica el porque surgen las obsesiones con respecto a los alimentos, el
conteo de calorías, el pesarse constantemente, el plantearse cada
vez metas más absurdas y poco realistas inalcanzables, etc…
Lo que la persona va a experimentar a nivel emocional es consecuencia directa
de sus pensamientos, es decir, si la persona está constantemente con
el temor a perder el control, con la duda de poder bajar de peso o mantenerse
dentro de su dieta, y con la sensación de estar muy vulnerable a salirse
en cualquier momento del carril que se ha trazado y a perder confianza y
credibilidad en sí misma, lo lógico esperado es que sienta
ansiedad, angustia, inseguridad, temor, desesperación, pánico,
depresión, desesperanza y mientras más fuerte sea su emoción
o más constante, más vulnerables estará y más
riesgo de perder el control pues justamente lo que la mayor parte de las
personas buscan al inicio de querer bajar de peso o iniciar una dieta, son
fuentes de bienestar, tranquilidad, de sensación de eficacia y logro,
de felicidad o de manejar emociones displacenteras en su vida. Precisamente
por eso, muchas de las gentes que no saben expresar y canalizar su enojo,
insatisfacción, frustración, tristeza y miedo de manera adecuada,
directa y constructiva, etc., buscan controlar su alimentación y peso
para compensar lo que no están pudiendo manejar de mejor forma a nivel
afectivo.
De esta manera, comienza a cerrarse el ciclo:
Los desbalances biológicos generan pensamientos negativos constantes;
las emociones intensas vuelven a generar pensamientos de temor, duda, incapacidad
para controlarse, etc… y estos a la vez tratan de ser controlados a
través de desbalancear todavía más su funcionamiento
a nivel fisiológico con conductas aberrantes y riesgosas, A la vez,
esto se sigue mezclando con las dificultades cotidianas en las vidas de las
gentes y las emociones que por ellas son experimentadas y todo se convierte
en una bola de nieve de emociones, desbalances nutricionales y fisiológicos
y elementos más fuertes de pensamiento incorrecto.
La mayor parte de las veces que las personas comienzan a recurrir a vomitar
o purgarse de otra forma, lo que buscan es compensar el impacto de haber
perdido el control de lo que comieron o de ver que no están logrando
bajar de peso como quisiera.
Las primeras veces que una persona vomita, genera señales confusas
en el cerebro. No se registra la saciedad después de haber comido y esto
incrementa el nivel de hambre. Mientras más hambre siente una persona,
mayor riesgo tendrá de volver a perder el control en su forma de comer.
De esta forma, es muy fácil pasar de haber iniciado vomitando una
vez, de vez en cuando, a unas veces a la semana, a una vez al día
y así progresivamente. Cuando una persona intensifica esta experiencia
en su cerebro, todo el tiempo tiene hambre, todo el tiempo piensa en comida,
todo el tiempo está insatisfecha, y todo el tiempo vive con la amenaza
de perder el control. Así es como la pérdida de control se
convierte en un estado constante o cada vez más frecuente, el cual
va reforzando y acentuando la siguiente conducta de vómito o purga.
Por esta razón, no hay posibilidad de que la persona salga de este
ciclo sin comenzar por atender la alimentación con un especialista
y no con una dieta más. Hacer una dieta más sin una atención
especializada al ciclo de bulimia, solamente agravará el problema.
Lo más severo de la situación es que cuando el comer y vomitar
se vuelven una rutina de todos los dias, el organismo termina defendiéndose
y tarde o temprano, se enseña a asimilar las calorías con mayor
rapidez y a bajar su metabolismo para mantenerse nutrido, de tal forma que
, la mayor parte de las gentes, tarde o temprano comienza a subir irremediable
y vertiginosamente de peso, pues el vomitar o purgarse ya no alcanza a ser
una medida para desacerse de las calorías ingeridas.
Cuando una persona TOMA CONCIENCIA de que esto le empieza a suceder, entra
en pánico pues se dá cuenta de que ya no le está dando
resultado y busca retomar el control. Sin embargo, desafortunadamente, busca
el control a través de intensificar o incrementar sus EPISODIOS de
vómito, lo cual paradógicamente solo acentuará la atrofia
metabólica y la llevará a subir todavía más
de peso. a, por poca que sea, se asimilará como si las cantidades
fueran mucho mayores.
Otro de los factores que complica la problemática es que muy probablemente,
ya para este punto de intensidad del trastorno, haya desbalances bioquímicos
a nivel cerebral, que generalmente involucran déficits en la producción
de Serotonina, PRODUCTO de todo el desgaste al cual ha estado sometido el
organismo.
La Serotonina es el neurotrasmisor que se encarga de ayudarnos a regular
nuestros estados de ánimo. Es el elemento que se encarga de que podamos
tener bienestar, tranquilidad, calma y experiencias satisfactorias en la
vida, Cuando una persona ya no cuenta con una producción adecuada
de Serotonina en el cerebro, no regula adecuadamente sus emociones,tiende
a presentar fluctuaciones emocionales muy acentuadas, crisis emocionales
y una gran incapacidad para recuperar su estabilidad emocional.
En la mayoría de los casos, las PERSONAS necesitan también
tratamiento farmacológico, generalmente con antidepresivos que estimulen
la correcta producción y concentración de Serotonina,
pues mientras no se aborde y solucione este aspecto de la problemática,
la persona no podrá volver a tener una experiencia emocional equilibrada,
adecuada y controlada.
Todo esto es justamente lo que representa el drama de un problema de Bulimia.
La persona, sin haberlo querido o previsto, se encierra paulatinamente (QUITAR
A SI MISMA) en una jaula sin salida de la que muy probablemente y en la mayoría
de los casos, no podrá salir por sí sola. Por dicha razón,
aunque originalemnte la Bulimia es representativa de un problema afectivo
y psicológico, el inicio de la solución no está en asistir
a una psicoterapia a hablar de sus problemas solamente, sino a una
psicoterapia en la cual inicialmente se aborde el problema fisiológico
y nutricional, junto con el emocional, para comenzar a brindar una alternativa
de solución multidisciplinaria al ciclo de adicción o distorsión
biológica, para secundariamente poder trabajar los demás aspectos
de hayan estado involucrados en su génesis.
Penosamente, muchas de las gentes retrasan o postergan la búsqueda
de ayuda, ya sea por pensar que tienen la capacidad de salir adelante por
sí solas, o porque se dan cuenta de que la lucha para salir
es demasiado prolongada, implica demasiado esfuerzo o tolerancia aL HECHO
DE TENER QUE VIVIR EL PROCESO COMO UN TRABAJO EN OCASIONES LARGO O
LENTO, o porque se sienten defraudadas y defraudando a otros por no haber
podido erradicar el problema en los primeros intentos o en un periodo breve
de psicoterapia.
Desafortunadamente, mientras más tiempo transcurra para atacar el
problema o mientras más interrupciones haya en el curso del tratamiento,
disminuye la porobabilidad de que la persona salga adelante. Las estadísticas
indican que del 20 al 30% de las PERSONAS que desarrollan un trastorno alimentario
no logran superarlo nunca y llegan a morir como resultado de las complicaciones
que se desarrollan, lo cual en muchos casos se debe al hecho de haber permitido
que éste se prolongara durante demasiado TIEMPO y al hecho de no HABER
buscado una atención adecuada y multidisciplinaria con la participación
de varios especialistas, entre otras cosas.
En la mayor parte de los tratamientos que cuentan con mejor pronóstico
de éxito, se requiere de la participación de UN psicoterapeuta
especializado en el MANEJO de trastornos alimentarioS, un nutriólogo
o médico especialista en el tratamiento nutricional de los mismos,
un psiquiatra, para el manejo farmacológico, y en ocasiones inclusive
un endocrinólogo o médico internista con experiencia en este
campo, dependiendo de la severidad de la problemática.
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